Un estudio de científicos californianos registró temperaturas nunca vistas durante cuatro décadas frente a la Bahía de Monterrey y documentó el arribo de fauna propia de aguas cálidas.
Medusas peine, sifonóforos, peces y cangrejos propios de aguas más cálidas comenzaron a aparecer frente a la costa central de California. Científicos del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI) vincularon esos avistamientos con el avance de un El Niño de gran intensidad, que ya modifica las condiciones del océano en el Pacífico.
El respaldo de esa transformación llegó desde una boya oceanográfica instalada frente a Monterey Bay: un instrumento situado a 60 metros de profundidad registró 18,18 ℃ (64,72 ℉), la cifra más alta en casi cuatro décadas de mediciones en ese punto.
El hallazgo combina una señal física —el aumento inusual de la temperatura— con otra biológica: la llegada de fauna que suele habitar latitudes tropicales o más australes. Para los investigadores, ambas observaciones muestran que el fenómeno ya está alterando el ecosistema marino de California.
El episodio adquiere relevancia más allá de las costas de California porque El Niño es un patrón del Pacífico con efectos sobre la atmósfera, el nivel del mar, las lluvias y los recursos marinos en distintos puntos del planeta. En Sudamérica, y particularmente en la Argentina, su evolución suele ser seguida por la incidencia que puede tener sobre los regímenes de precipitaciones, la producción agropecuaria y la planificación ante eventos climáticos extremos.
El agua profunda superó el máximo que había dejado El Niño de 1997
La serie de observaciones de MBARI comenzó en 1989. Desde entonces, una boya llamada M1 registra en forma casi continua datos del océano y la atmósfera en el centro de la Bahía de Monterey, sobre la entrada del cañón submarino del mismo nombre. El punto de anclaje se encuentra a unos 1.100 metros de profundidad, mientras que los instrumentos distribuidos a lo largo del cable miden temperatura, salinidad, oxígeno, clorofila, corrientes y otras variables.

El nuevo registro, obtenido a 60 metros bajo la superficie, superó la marca anterior del 19 de noviembre de 1997, durante otro evento fuerte de El Niño. De acuerdo con el científico senior Francisco Chávez, los valores se ubicaron más de 7 ℃ por encima del promedio de largo plazo y el calentamiento estuvo acompañado por un incremento de 16 centímetros en el nivel del mar local.
Chávez sostuvo que los instrumentos de la boya M1 confirman para Monterey Bay una previsión que ya anticipaba un evento excepcional en el Pacífico ecuatorial. “Los datos oceanográficos y las observaciones biológicas muestran con claridad que un El Niño fuerte llegó a la costa central de California”, señaló el especialista.

El aumento de temperatura en profundidad tiene una explicación física. Durante El Niño, se debilitan los vientos alisios que habitualmente empujan las aguas superficiales cálidas del Pacífico hacia Asia. Parte de esa masa de agua retorna hacia América y modifica la estructura vertical del mar. La termoclina —la franja que separa las capas más cálidas de las frías— se hunde, con consecuencias directas sobre la disponibilidad de nutrientes.
La menor llegada de nutrientes puede reducir el alimento en la cadena marina
En condiciones normales, el ascenso de aguas profundas y frías aporta nutrientes a la superficie, donde alimentan al fitoplancton. Esa base microscópica sostiene buena parte de la red alimentaria marina. Cuando la termoclina se profundiza, el aporte pierde fuerza y baja la productividad en superficie.

Los investigadores siguieron ese proceso con una red internacional de flotadores robotizados del programa Global Ocean Biogeochemistry Array (GO-BGC). Los dispositivos toman mediciones en tiempo real sobre la salud del océano y permitieron advertir, hacia fines de septiembre, una combinación que suele anticipar el fortalecimiento de El Niño: agua más cálida, menos dióxido de carbono disuelto y una reducción de nitratos.
A esos cambios químicos se sumó una caída pronunciada de la clorofila, utilizada como indicador de biomasa de fitoplancton. Ken Johnson, uno de los responsables de GO-BGC, explicó que los flotadores permiten comparar el estado de los ecosistemas antes, durante y después del fenómeno, una secuencia clave para comprender transformaciones de mayor alcance en el océano.
El efecto puede prolongarse varios meses. En Monterey, el calentamiento máximo suele coincidir con el invierno, cuando la productividad del mar ya es menor. Sin embargo, las consecuencias biológicas más marcadas pueden sentirse en primavera, cuando la escasez de nutrientes impacta sobre organismos que dependen de las floraciones de plancton.
Las especies tropicales ya comenzaron a aparecer frente a California
Los indicios biológicos fueron visibles antes de que el fenómeno alcance su punto máximo. En una expedición cerca del monte submarino Davidson, un equipo de MBARI observó una medusa peine alada del género Ocyropsis y un sifonóforo rosado, Athorybia rosacea. Son especies más frecuentes en aguas tropicales, como las de Hawái o México, y poco habituales frente a la costa central californiana.

Durante tareas de mantenimiento de la boya M1, los buzos también encontraron cardúmenes de peces media luna, una especie asociada con mayor frecuencia al sur de California. A mayor profundidad, el vehículo operado a distancia Doc Ricketts detectó juveniles de cangrejo rojo pelágico, Grimothea planipes, una presencia que el equipo no había registrado tan al norte.
También hubo una observación breve de varios calamares de Humboldt. El desplazamiento de esa especie resulta relevante porque, en episodios anteriores, su expansión modificó la composición de la fauna pelágica y afectó poblaciones de merluza del Pacífico, de interés comercial. La llegada de aguas cálidas puede comprimir las áreas de alimentación de ballenas cerca de la costa y alterar la disponibilidad de presas para aves marinas.
Los cambios alcanzan incluso el fondo oceánico, según antecedentes de monitoreos realizados a unos 4.000 metros de profundidad frente a California. El alimento que llega a esas zonas —partículas orgánicas que descienden desde la superficie— depende de la productividad de las capas superiores. Por eso, una alteración iniciada en el fitoplancton puede trasladarse con el tiempo a comunidades de aguas profundas.
El Niño tiene efectos que exceden la biología marina. Las anomalías de temperatura y nivel del mar pueden aumentar los riesgos de inundaciones costeras, mientras que los cambios en distribución y abundancia de especies inciden sobre las pesquerías y las economías vinculadas al mar.
MBARI y otros sistemas de observación de California comenzaron a centralizar datos de boyas, planeadores submarinos e instrumentos costeros en un tablero específico sobre El Niño. La iniciativa reúne a investigadores de la costa norte y central californiana con el objetivo de aportar información actualizada a autoridades, planificadores costeros y comunidades pesqueras.
